Bajo La Aguja pt.1

22 Ene

Lo  siguiente es una traducción parcial de un tratado, escrito por Lorne Zelyck, sobre uno de esos temas que no deja de causar controversia entre algunos cristianos: Tatuajes y perforaciones corporales (piercings).

En círculos cristianos evangélicos he podido ver un terror (odio, en realidad) visceral en contra de éstos. También he podido presenciar cómo un pequeño grupo se levanta en defensa de lo que creen es su derecho de ejercer su libertad en Cristo. Y aunque no tengo pensado (por el momento) someterme a ninguna de estas experiencias “novedosas”, he querido compartir algo que puede ser de ayuda para poder debatir con calma y con razones sensatas.

Viene dividido en tres posts. Espero que puedas leerlos con detenimiento antes de hacer algún tipo de objeción.

Puedes descargar el archivo PDF original y completo en inglés aquí.

Bajo la Aguja

Sinopsis

Decorar nuestro propio cuerpo con tatuajes y piercings es un fenómeno cultural reciente con raíces antiguas. La moralidad de estas practicas deben ser evaluadas de acuerdo a sus efectos sobre los cuatro aspectos de la imagen de Dios—(1) estructural, (2) funcional, (3) relacional, y (4) teleológica.

Hay quienes dentro de la comunidad cristiana consideran los tatuajes y perforaciones corporales (piercings) como una profanación de la imagen de Dios sobre la base que (1) violan la conciencia del creyente y la Ley de Dios, (2) mutilan el cuerpo físico, (3) dificultan la unidad dentro de la iglesia, y (4) glorifican lo impío y vulgar. En contraste, otros creyentes los consideran como una demostración de la imagen de Dios sobre la base que (1) exhiben belleza artística, (2) expresan la libre voluntad del creyente, (3) crean diversidad dentro de la iglesia, y (4) pueden ser medios para expresar una verdad espiritual.

Los tatuajes y piercings en sí mismos no son morales ni inmorales. En las culturas bíblicas, los tatuajes y piercings eran símbolos de propiedad, de devoción, identificación y protección por parte de una deidad o amo. Dependiendo qué deidad o amo estos símbolos representen, los tatuajes y piercings pueden profanar o demostrar la imagen de Dios. Los creyentes que estén considerando hacerse tatuajes o piercings primero deberían ser dirigidos por sus conciencias, y luego considerar los efectos que tales símbolos tendrán en sus cuerpos físicos, relaciones interpersonales, y vidas espirituales.

“No te hice así.”

Regresé del “Salón de Tatuajes de Sid” para encontrar a mi padre de pie en la cocina con una expresión de horror en su cara. Sin decir una palabara, me quité la camisa y le señale para que me ayude. Mientras retiraba el vendaje manchado de sangre de mi espalda, el horror de mi padre pronto se convirtió en lamento. Con lágrimas corriendo por su rostro, sollozó, “No te hice así.” Estas palabars de desaprobación de mi amado padre me lastimaron peor que las marcas en mi espalda. Me sentí rechazado y no supe qué hacer, así que subí en mi carro, manejé hasta el extremo del pueblo, y empecé a orar. Mientras la voz de mi padre terrenal hacía eco en mi mente, empecé a preguntarle a mi Padre celestial si había tomado una mala decisión al ir bajo la aguja.

Los tatuajes y piercings nunca han sido tan populares como el día de hoy. Sospecho que muchos han tenido experiencias similares a la mía—han ido bajo la aguja y se han hecho tatuajes o piercings, tan solo para encontrarse con escepticismo y asombro ante sus nuevas “decoraciones. Mucho del escepticismo está basado en la permanencia y localización. Los tatuajes temporales y perforaciones en las orejas usualmente no producen preocupación, sin embargo los tatuajes permanentes y piercings inusuales pueden producir una respuesta visceral y negativa. Además, muchos dentro de la comunidad cristiana ponen objeciones a los tatuajes y piercings, ya que dicen, al ser algo no natural, son inmorales.

Mientras los tatuajes y piercings continúan ganando popularidad dentro de la cultura dominante, creo que es importante para la comunidad cristiana evaluar críticamente la moralidad de tales “decoraciones”.

¿Son los tatuajes y piercings intrínsecamente  (es decir, en sí mismos) inmorales?

¿Cuál es la base para determinar su moralidad?

¿Qué, en todo caso, es lo que la Biblia dice acerca de estas “decoraciones”?

¿Acaso Dios ve con aprobación a aquellos tatuados y perforados? ¿O es que Él los ve con desaprobación, diciendo, “No te hice así”?

Breve Historia de los tatuajes y perforaciones corporales

Los tatuajes y piercings no son únicamente algo de la cultura comtemporánea. En 1991 se encontró un cuerpo de 5.000 años congelado en un glaciar con muchos tatuajes impresos en su piel. Una figura de arcilla de 4.000 años descubierta en Irán tenía multiples perforaciones auriculares (en las orejas). El Pentateuco revela que aproximadamente en 1.400 a.C, los tatuajes y piercings eran prácticas muy bien conocidas en el antiguo Israel y entre sus vecinos Mesopotámicos (Éxodo 32:2–3; Levítico. 19:28). Además, un notable número de escritores griegos y romanos del primer siglo mencionan la prevalencia de los tatuajes, y, el historiador del segundo siglo Herodiano incluso describió al pueblo del norte de Bretaña como “Pictos” por la abierta exhibición de sus marcas corporales. A lo largo de la historia de la Iglesia, los tatuajes han sido referidos también en edictos, concilios, y correspondencia personal entre el clero.

Una Base para la Evaluación Ética

¿Tienen los cristianos bases sobre las cuales evaluar la moralidad de los tatuajes y piercings? Sí. En el primer capítulo de la Biblia, la Humanidad es descrita como única. Dios decretó su voluntad creativa cuando dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”
(Gen. 1:26). La palabra hebrea para “imagen” tselem, significa “algo cortado de”. Tselem es frecuentemente usada en el Antiguo Testamento para describir cosas como gente, monedad, estatuas, y tumores que se asemejan o representan alguna otra cosa. La palabra hebrea para “semejanza” es demuth, que significa “similitud” y viene de una raíz idiomática que significa “ser como”. En este contexto, por lo tanto, tselem y demuth indican que la Humanidad se asemeja a Dios y es como Él. Esta similutud y semejanza es lo que tradicionalmente se conoce como imago Dei, la imagen de Dios.

Cuatro Aspectos de la Imagen de Dios

Los teólogos han identificado cuatro aspectos de la imagen de Dios según la cual los humanos fueron hechos: (1) estructural,
(2) funcional, (3) relacional, y (4) teleológica. Cada aspecto indica un rasgo particular que hace a los humanos únicos como Dios.

(1) El aspecto estructural de la imagen de Dios indica que los humanos tenemos la capacidad de conocer, razonar, y de hacer decisiones morales (Gen. 2:16–17).

(2) el aspecto funcional indica que los humanos operan como representantes de Dios en la Tierra al gobernar sobre la naturaleza (Gen. 1:26; 2:5).

(3) El aspecto relacional de la imagen de Dios indica que los humanos tiene n la capacidad de reflejar la unidad  dentro de la Trinidad a través de su relación con Dios y con otros humanos, y

(4) el aspecto teleológico indica que los humanos son creados para glorificar a Dios haciendo visible Su carácter.

Mucha atención ha sido dirigida a identificar solo las implicaciones espirituales de la imagen de Dios, descuidando desafortunadamente sus implicaciones físicas. Estoy de acuerdo con la afirmación de Herman Bavinck que estos cuatro aspectos de la imagen de Dios abarcan a toda la persona, espiritual y físicamente: “El cuerpo del hombre también pertenece a la imagen de Dios … El cuerpo no es una tumba, sino una obra de arte maravillosa de Dios, que constituye la esencia del hombre tan plenamente como el alma.” Ya que el cuerpo físico está incluído en la imagen de Dios, la moralidad de decoraciones añadidos a éste—incluídos los tatuajes y piercings—deben ser evaluados según a sus efectos sobre estos cuatro aspectos de la imagen de Dios.

Continuará en el próximo post.

***

SOLI DEO GLORIA

Una respuesta to “Bajo La Aguja pt.1”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Bajo La Aguja pt.2 « Blog de Panchorobles™ - 29 enero, 2013

    […] favor, lee el post anterior antes de […]

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