Normas de Westminster: Escrituras, Dios, Hombre

18 Ene

Para que el Hombre pueda ser la imagen y semejanza de Dios, hay dos cosas esenciales. Su ser tiene que ser como el de Dios y su voluntad o propósito también. El ser de Dios no es una cuestión de “elección”. El ser del Hombre tampoco es una elección. Él es la imagen de Dios. Ser otra cosa no sería ser Humano. Mientras el Hombre sea Hombre, él existe a imagen de Dios. Por tanto se deduce que la mera existencia del Hombre le exige una comprensión de la deidad en su interior. Todo hombre conoce a Dios, el Dios verdadero, el único Dios. No sólo tiene la capacidad de conocerlo; sino que lo conoce y no puede evitar el conocerlo. Sin embargo, el propósito del Hombre es cuestión de elección. Tal y como Dios es libre de hacer su voluntad, así también el Hombre (siendo creado a la imagen divina) es libre de hacer su voluntad. Pero aún en su libre albedrío el Hombre no puede escapar el control absoluto de Dios porque el ser del Hombre (siendo sólo una imagen) es totalmente dependiente de Dios.
Al levantar su voluntad contra la voluntad de Dios revelada en su Palabra, el Hombre sólo puede violar, pero nunca destruir, su relación dependiente de Dios. Es la imagen de Dios de forma metafísica, aunque haya dejado de ser su imagen de forma ética. La resolución del Hombre de ser independiente de Dios está condenada a la frustración, y mediante la revelación natural se le hace recordar esto de forma clara y constante. La revelación natural nunca deja de declarar al Hombre pecaminoso que el Dios verdadero es, y que la misma existencia del Hombre es totalmente dependiente de Dios. Por consiguiente, para poder seguir en rebelión contra Dios, al Hombre no le queda más que mentirse a sí mismo acerca de la situación. Debe suprimir la verdad en perversidad (Ro. 1:20). Sin embargo, esta supresión de la verdad (por lo cual el Hombre pecaminoso se rehúsa a conocerse a sí mismo  o al Dios verdadero) se debe completamente al pecado y de ninguna manera a la suficiencia de,  algún defecto en, la revelación natural.
La Confesión de Fe de Westminster para clases de estudio – Capítulo I :
De las Sagradas Escrituras, Sección Primera

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