Vintage: Cristo según Edwards

1 Dic

Muy a menudo me ha parecido algo delicioso el estar unido a Cristo; tenerlo a Él por mi Cabeza, y ser un miembro de su cuerpo;  también tener a Cristo por mi Maestro y Profeta.
Muy seguido pienso con dulzura, anhelos y palpitaciones del alma, el ser un niño pequeño, agarrándose de Cristo para ser conducido por Él a través del desierto de este mundo. Ese texto (Mateo 18:3) ha sido muy dulce frecuentemente para mí, el recibir la salvación de Él, siendo yo pobre en espíritu, y estando bastante vacío en mi ser, humildemente exaltarlo a Él únicamente;  cortado completamente de mi propia raíz, cambiar de dirección para crecer por dentro y fuera en Cristo; tener a Dios en Cristo para que sea el todo en todo; y vivir por la fe en el Hijo de Dios, una vida de humildad, teniendo una genuina confianza en Él.
Esa escritura ha sido frecuentemente dulce para mí (Salmo 115:1): “No a nosotros oh Jehová, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria por tu misericordia, por tu verdad.” Y esas palabras de Cristo que aparecen en Lucas 10:21 “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu y dijo: ‘Yo te alabo oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó’.”
Esa soberanía de Dios, en la cual Cristo se regocija, me parece digna de tal gozo; y ese regocijarse me muestra la excelencia de Cristo y de qué Espíritu Él era.
Jonathan Edwards
Soli Deo Gloria

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