Sufrimiento y Soberanía de Dios VII

30 Jul

Razón #6
6. La Supremacía de Cristo se hace manifiesta en el sufrimiento.
Dios usa el sufrimiento de los misioneros para magnificar el poder y la suficiencia de Cristo. Al final, el sufrimiento sirve para mostrar la Supremacía de Dios. Cuando Dios se negó a librar a Pablo del sufrimiento que le causaba el “aguijón en la carne”, le dijo: “Te basta mi Gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. A esto, Pablo respondió: “Por tanto, muy gustosamente me gloriaré en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12:9-10).
Pablo era fuerte cuando le perseguían, porque “el poder de Cristo” estaba sobre él y se perfeccionaba en él. Dicho de otro modo, el poder e Cristo era el único poder de Pablo cuando los sufrimientos acababan con todos sus recursos y fuerzas y se tenía que dejar completamente en las manos de Jesús. Este era el propósito que Dios tenía para el aguijón de Pablo y es el propósito de todos nuestros sufrimientos. Dios quiere que descansemos en Él, que tengamos en Él una confianza plena. “A fin de que no confiáramos en nosotros, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). La razón por la que Dios quiere que depositemos en Él nuestra confianza es porque ese tipo de confianza muestra su poder y su amor supremos, que nos sostiene cuando nosotros no podemos hacer nada para sostenernos.
Empezamos este capítulo con la siguiente afirmación: La pérdida y el sufrimiento, cuando son aceptados con gozo por causa del reino de Dios muestran la Supremacía de Dios en el mundo de una forma más clara que toda la adoración y la oración. Hemos visto esta verdad implícita al analizar seis razones por las que Dios ha establecido que los mensajeros de su Gracia sufran. Pero ahora diremos de una forma explícita que la razón principal del sufrimiento es la Supremacía de Dios, Dios ha determinado el sufrimiento porque a  través de las otras razones, el sufrimiento muestra al mundo la Supremacía del valor que Dios tiene sobre cualquier otro tesoro.
Jesús deja bien claro cómo podemos regocijarnos en medio de la persecución. “Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí, Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande” (Mateo 5:11-12). Podemos regocijarnos en medio del sufrimiento porque el valor de nuestra recompensa es mayor que el valor de todo lo que perdemos a causa del sufrimiento en esta tierra. Por tanto, el sufrimiento con gozo muestra al mundo que nuestro tesoro está en los cielos, no en la Tiera, y que ese tesoro es mayor que todo lo que el mundo ofrece. La Supremacía del valor de Dios resplanece a través del dolor que su pueblo sufrirá gozoso por amor a su nombre.
Muy gustosamente me gloriaré en la debilidad y la angustia
Uso la expresión “muy gustosamente” porque así hablaban los santos cuando se referían al sufrimiento. Un ejemplo son las palabras de Pablo, cuando dice: “Por tanto, muy gustosamente me gloriaré en mis debilidades… en insultos, en privaciones, en persecusiones y en angustias” (2 Corintios 12:9-10). Dice lo mismo en Romanos 5:3: “Nos gloriamos en las tribulaciones”. Y la razón que da es que las tribulaciones producen paciencia, un carácter probado y una esperanza indestructible (Romanos 5:3-4). Dicho de otro modo, su gozo fluía de su esperanza, tal como Jesús dijo que debía ser. Y Pablo dice claramente que la recompensa es la gloria de Dios. “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2). Así que la supremacía de Dios reluce por medio del gozo de Pablo en medio de la aflicción.
Los otros apóstoles reaccionaron del mismo modo en Hechos 5:41 después de haber sido azotados por predicar: “Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre”. Este gozo indestructible y atrevido en medio del peligro y el dolor, muestra la superioridad de Dios sobre todo lo que el mundo ofrece.
Aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes
Y también tenemos el ejemplo de los cristianos que visitaban a sus amigos que estaban en la cárcel, y lo hacían con gozo aunque eso les costó sus posesiones. “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión” (Hebreos 10:34). El gozo en medio del sufrimiento nace de la esperanza en una gran recompensa, Los cristianos no están llamados a llevar una vida malhumorada, ni siquiera en medio del sufrimiento. Hemos sido llamados a gozarnos. “En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos” (1 Pedro 4:13). “Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2).
El amor de Dios es mejor que la vida
La base de este gozo indomable es la Supremacía del amor de Dios por encima de la vida misma. “Tu misericordia es mejor que la vida” Salmo (63:3). Los placeres de esta vida son “temporales” (Hebreos 11:25), y las aflicciones son “leves y pasajeras” (2 Corintios 4:17). Pero el amor y la misericordia de Dios son para siempre. Todos sus placeres son superiores, y ya no habrá más dolor. “En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmo 16:11).
El sufrimiento gozoso brilla más que la gratitud
Es cierto que deberíamos dar testimonio de la Supremacía de la bondad de Dios, recibiendo sus buenos regalos con gratitud (1 Timoteo 4:4). Pero muchos cristianos creen que ésa es la única forma de glorificar a Dios. Dios ha sido bueno dándoles muchas cosas. Por tanto, dan testimonio de la realidad de Dios aceptando sus regalos y siendo agradecidos.
Pero aunque es verdad que deberíamos disfrutar con gratitud de todo lo que tenemos, la Biblia no nos llama a acumular más y más cosas, sino a dar y a desprenderse de las cosas si el amor a los demás y al reino de Dios así nos lo indica. No hay reglas sencillas que nos digan si hemos sido llamados a dar todo lo que tenemos, como el joven rico, o a dar la mitad de lo que tenemos, como Zaqueo. Lo que sí queda claro en el Nuevo Testamento es que Jesús brilla con mucha más fuerza a través del sufrimiento con gozo, que a través de la gratitud por las riquezas. Nadie puede dudar de que la Supremacía de Cristo brille con todo su resplandor en una vida como ésta:
Pero todo  lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo. (Filipenses 3:7-8)
No podemos mostrar el valor de una persona mostrándonos contentos por los regalos que nos da. Es cierto que si no somos agradecidos, quedará claro que no amamos a quien nos los ha dado, pero la gratitud no prueba que la persona que los da sea muy valiosa. Lo que muestra el valor de una persona es la disposición alegre de renunciar a todos sus regalos para poder estar con ella. Es por esa razón por la que el sufrimiento es un elemento central de la misión de la Iglesia. El objetivo de nuestra misión es que las personas de todas las naciones adoren al Dios verdadero. Pero la adoración implica valorar a Dios por encima de todo, incluso la vida misma. No es coherente pedirle a la gente que ame a Dios si nuestro estilo de vida transmite amor hacia las cosas. Por tanto, Dios ha establecido que el sufrimiento de sus mensajeros les haga romper sus lazos con el mundo. Cuando el gozo y el amor nos ayudan a superar esa ruptura, estamos preparados para decirle a las naciones con autenticidad y poder: ¡Esperad en Dios!
¿De qué modo se hace visible la esperanza en Dios?
Pedro habla de la visibilidad de esta esperanza: “Santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). ¿Por qué iba la gente a preguntarnos sobre nuestra esperanza? ¿Cómo hemos de vivir la vida si se supone que la gente se tendría que estra preguntando por la esperanza que tenemos? Si nuestra seguridad y felicidad en cuanto al futuro estuvieran basadas en lo que lo que el mundo basa su futuro, nadie nos preguntaría sobre nuestra esperanza. Porque nadie vería nada diferente a lo que ya tiene. Lo que Pedro está diciendo  es que el mundo debería ver en la vida de los cristianos una esperanza diferente, no una esperanza puesta en la seguridad del dinero, del poder, de la vivienda o de las propiedades, sino una esperanza puesta en la seguridad de “la Gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13).
Por tanto, Dios ha establecido el sufrimiento para ayudarnos a desprendernos de las esperanzas terrenales y a poner nuestra esperanza “en Dios” (1 Pedro 1:21). Las pruebas hacen que nuestra dependencia en las cosas terrenales vaya desapareciendo hasta dejar la “fe genuina” (1 Pedro 1:7). “Los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo bien” (1 Pedro 4:19). La Supremacía de la gran fidelidad de Dios sobre cualquier otra seguridad nos libera para regocijarnos “en la medida en que compartimos los padecimientos de Cristo” (1 Pedro 4:13). Por tanto, si nos gozamos cuando sufrimos por causa de Cristo, haremos brillar la Supremacía de Cristo mucho más intensamente que cuando mostramos gratitud por las riquezas que nos da.
John Piper
Alégrense Las Naciones
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