Sufrimiento y Soberanía de Dios VI

11 Jun

Razón # 5
5.El sufrimiento refuerza la Gran Comisión
Dios usa el sufrimiento de la Iglesia para colocar a las tropas misioneras en lugares a los que, de otra forma, no habrían ido. Esto es lo que Lucas quiere que veamos en la historia del martirio de Esteban y la persecución que tuvo lugar inmediatamente después. Dios envía a la iglesia al servicio misionero a través del sufrimiento que ésta experimenta. Por tanto, no podemos juzgar con demasiada rapidez los aparentes fracasos de la Iglesia. Si miramos las cosas con los ojos de Dios, el Estratega por excelencia, podremos ver que todos los fracasos son una posición en la que las tropas retoman fuerzas para un avance y un despliegue mayor de su sabiduría, poder y amor.
Hechos 8:1 describe la estrategia divina de la persecución: “En aquel día [el día que asesinaron a Estaban] hubo una gran persecución contra la Iglesia que estaba en Jerusalén, y todos, salvo los apóstoles, fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria”. Hasta ahora nadie había salido a Judea y a Samaria a pesar de lo que Jesús había dicho en Hechos 1:8: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigo en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria”. No es casualidad que ésas fueran precisamente las regiones a las que la Iglesia tuvo que huir a causa de la persecución. Lo que no ocurre por la obediencia, ocurrirá por la persecución.
Para reafirmar el propósito misionero de la persecución, Lucas lo vuelve a mencionar en Hechos 1:19: “Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin hablar a nadie la Palabra, sino solo a los judíos”. Dicho de otro modo, la persecución envió a la Iglesia no solo a Judea y a Samaria (Hechos 8:1), sino también a las demás naciones (Hechos 11:19).
La inercia de la comodidad, la apatía de la abundancia
La lección que hemos de aprender aquí no solo consiste en que Dios es Soberano y convierte los fracasos en victoria. También tenemos que ver que la comodidad, la prosperidad, la seguridad y la libertad muchas veces causan una penosa inercia en la Iglesia. Estas condiciones que deberían asegurar la existencia de personas que invirtieran tiempo y dinero por la causa misionera, producen todo lo contrario: debilidad, apatía, aletargamiento, egocentrismo y una preocupación obsesiva por la seguridad.
Varios estudios han mostrado que cuanto más ricos somos, menos dinero damos a la Iglesia y las misiones. La parte más pobre de la Iglesia, que corresponde la quinta parte, da el 3.4 % de sus ingresosa la Iglesia, mientras que la parte más rica da el 1.6 %. Es un principio muy extraño que probablemente tiene que ver con la raíz de nuestra pecaminosidad y con la suficiencia de Cristo: las dificultades, como la persecución, suelen ser más eficaces que la comodidad a la hora de motivar a la gente a las misiones, para orar, y para ofrendar.
Jesús dijo que un rico difícilmente entraría en el reino de los cielos (Mateo 19:23). Y difícilmente ayudará a los demás a entrar. Así lo dijo Jesús en la parábola del sembrador. “Los afanes de este siglo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y la hacen infructuosa” (Marcos 4:19); infructuosa para las misiones y casi para cualquier otra buena obra.
La persecución puede tener efectos dañinos sobre la Iglesia, pero parece ser que la prosperidad es aún más devastadora para la misión a la que Dios nos ha llamado. Lo que quiero decir no es que debamos buscar la persecución. Eso no sería más que arrogancia, como saltar desde lo alto del templo. Lo que quiero decir es que deberíamos desconfiar de la prosperidad, la comodidad y la abundancia excesivas. Y no deberíamos desanimarnos, sino llenarnos de esperanza, si nos persiguen por causa de la justicia, porque lo que vemos en Hechos 8:1 es que Dios utiliza la persecución para beneficio de la misión de la Iglesia.
No nos dejemos engatusar. El precio para que la obra misionera avance es inmenso. Esteban pagó con su vida. Y Esteban fue una de las estrellas más brillantes en el cielo de Jerusalén Sus enemigos “no podían resistirse a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hechos 6:10). Podríamos pensar: “Pero vivo valía más. Era alguien necesario. ¡No había nadie como Esteban!”. Pero Dios lo vio de otra forma.
Stalin sirvió a la causa de Cristo
La forma en la que Dios obró cuando poblaciones enteras uzbekas se convirtieron a Cristo en el siglo XX es una ilustración de cómo Dios usa los trastornos políticos y el desplazamiento forzado. Bill y Amy Stearns nos cuentan la historia en un libro lleno de esperanza, Catch the Vision 2000. El elemento clave fue Stalin.
“En la década de 1930, miles de coreanos huyeron de lo que ahora es Corea del Norte, a consecuencia de la invasión japonesa. Muchos de ellos se instalaron alrededor de Vladivostok. Cuando a finales de la década de los 30 y a principios de los 40, Stalin empezó a desarrollar Vladivostok como un centro de producción de armamento, creyó que los coreanos eran un peligro y los recolocó en cinco zonas diferentes de la Unión Soviética. Una de esas áreas era Tashkent, eje de los uzbekos, etnia firmemente musulmana. Durante cientos de años, los uzbekos resistieron violentamente los esfuerzos de Occidente por introducir el cristianismo.
Cuando los coreanos se instalaron en Tashkent, los uzbekos no tuvieron ningún problema pues el pueblo coreano era un pueblo amable e industrializado. Durante unas décadas los coreanos formaron parte de casi todas las facetas de la vida y la cultura uzbekas.
Como ocurre en muchas ocasiones, Dios, en sus planes estratégicos, había plantado entre los coreanos desplazados a un gran número de sus hijos. Lo que Stalin no sabía era que este pueblo no solo iba a experimentar un avivamiento, sino que también iba a llevar a los pies de Cristo a muchos de sus amigos musulmanes uzbekos y kazakos.
La primera evidencia pública del avivamiento de los coreanos y de su influencia entre los uzbekos y los kazakos llegó el 2 de junio de 1990, cuando en el primer encuentro cristiano público en la historia del Asia Central soviética, un joven coreano de América predicó a una gran multitud en las calles de  Almá-Atá, la capital de Kazajstán (capital hasta 1998)”.  
El resultado de estas maniobras que duraron décadas, por medio de las cuales Dios puso a hijos suyos en lugares innaccesibles para los misioneros, es que los musulmanes están confesando que Isa (Jesús) es el camino, la verdad y la vida. Esta estrategia ha supuesto un coste muy elevado para muchos creyentes. Cuando expulsaron a los coreanos de su tierra, y luego los volvieron a echar de su nuevo hogar en Vladivostok, muchos vieron cómo su fe era probada. ¿Dios es bueno? ¿No ha prometido Él que tiene planes de amor para nuestras vidas? La verdad es que Dios tenía un plan de amor, y además este plan no solo era para ellos, sino también para muchos musulmanes uzbekos y kazakos.
John Piper, Alégrense Las Naciones

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