Sufrimiento y Soberanía de Dios IV

27 May

Razón # 3
3. El sufrimiento es el precio que a veces hay que pagar para que otros sean valientes
Dios usa el sufrimiento de sus misioneros para despertar a otros de la indiferencia y hacerles valientes. Cuando Pablo estaba encarcelado en Roma escribió a la Iglesia en Filipos diciendo: “La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la Palabra de Dios sin temor” (Filipenses 1:14). Si tiene que hacerlo, Dios usará el sufrimiento de sus devotos emisarios para que la Iglesia que duerme se despierte y esté dispuesta a correr riesgos por el avance del Evangelio.
Cinco mujeres inspiradoras
En nuestros días es difícil exagerar el impacto que el martirio de Jim Elliot, Nate Saint, Ed McCully, Pete Fleming y Roger Youderian ha tenido sobre toda una generación de estudiantes. La palabra que aparecía una y otra vez en los testimonios de aquellos que oían la historia de los huaorani era “entrega”. Pero en muchísimas ocasiones, lo que nos empujó a muchos de nosotros a desear tener la entrega que ellos tuvieron fue la fuerza de sus mujeres.
Barbara Youderian, la mujer de Roger, escribió en su diario aquella noche de enero de 1956:
“Esta noche el capitán nos ha dicho que ha encontrado cuatro cadáveres en el río. Uno llevaba una camiseta y unos tejanos (jeans). Roger era el único que iba vestido así… Dios me dio este versículo hace dos días, el Salmo 48:14: “Porque éste es Dios nuestro, nuestro Dios por siempre jamás; Él nos guiará hasta la muerte”. Mientras pensaba en las noticias sobre la muerte de Roger, mi corazón se llenó de alabanza. Dios lo consideró digno de llevárselo a casa. Señor, ayúdame a ser tanto madre como padre”
Despues de su muerte se duplicó el número de solicitudes
La ejecución del misionero de Wycliffe, Chet Bitterman por la guerrilla colombiana M-19 el 6 de marzo de 1981 logro suscitar un gran celo por la causa de Cristo. Chet había estado secuestrado durante siete semanas, mientras su mujer, Brenda, y sus hijitas, Anna y Esther, esperaban en Bogotá. La petición del grupo M-19 era que Wycliffe abandonara su trabajo en Colombia.
Le asesinaron un día al atardecer, de un solo disparo en el pecho. La policía encontró su cuerpo en el autobús donde murió, en un parking al sur de la ciudad. Estaba limpio, afeitado, con el semblante tranquilo, envuelto en una bandera de la guerrila. No tenía señales de tortura.
El año siguiente al asesinato, el número de solicitudes para trabajar con Wycliffe se duplicó. Este no es el tipo de movilización misionera que escogeríamos. Pero en ese caso, fue el que Dios escogió. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará él solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Juan 12:24).
John Piper,  Alégrense Las Naciones 

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