Experiencias Vintage: Edwards

22 Abr

He tenido un vasto y muy grande sentido de mi propia iniquidad, y la maldad de mi corazón, más de lo que  lo había  tenido  antes de mi conversión. Me ha parecido muy seguido, que si Dios me culpara de iniquidad, yo aparecería como el peor de toda la humanidad; de todo lo que ha existido desde el principio de este mundo hasta este día; y que yo debería tener el lugar más bajo del infierno.
Yo no sé como expresar mejor como me parecen mis pecados a mí, que amontonando lo infinito sobre lo infinito, y multiplicando infinito por infinito. Frecuentemente, por todos estos años, estas expresiones han estado en mi mente y en mi boca, “INFINITO SOBRE INFINITO—-INFINITO SOBRE INFINITO!” Cuando veo dentro de mi corazón y  tengo una visión de mi iniquidad, se ve como un abismo, infinitamente más profundo que el infierno. Y pienso que si no fuera por la gracia gratuita, exaltada y levantada hasta las infinitas alturas de la plenitud y gloria del gran Jehová, y el brazo de su poder y gracia extendido en toda la majestad de su poder, y en toda la gloria de su soberanía, yo estaría hundido en mis pecados debajo del mismo infierno;  mucho muy lejos de la vista de cada cosa, excepto del ojo de la gracia soberana que puede perforar aún hasta tal profundidad.
Y aún así, me parece que mi convicción de pecado es extraordinariamente pequeña y débil; esto es suficiente para sorprenderme de que no tenga yo una mayor percepción de mi pecado. Yo sé ciertamente que tengo un muy pequeño sentido de mi pecaminosidad. Cuando he estado teniendo turnos de lágrimas y llanto por mis pecados, he pensado que yo sabía en ese tiempo, que mi arrepentimiento era nada comparado con mi pecado. Yo he anhelado grandemente desde hace tiempo, el tener un corazón quebrantado, y de postrarme delante de Dios, y  cuando yo pido humildad,  no puedo soportar los pensamientos de no ser más humilde que otros Cristianos. Me parece que a pesar de que sus grados de humildad pueden ser adecuados para ellos, aún así, sería una vil auto-exaltación en mí, el no ser el más bajo en humildad de toda la humanidad. Otros hablan de sus anhelos, de ser “humillados hasta el polvo”; y  esa sería una expresión adecuada para ellos, pero yo siempre he pensado de mi mismo, que yo debería, y esta es una expresión que ha sido desde hace mucho tiempo algo natural para mí el utilizarla en la oración, “morar infinitamente bajo delante de Dios.”
Jonathan Edwards

Soli Deo Gloria

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