La Supremacía de Dios II

9 Abr

La Supremacía de Dios en las misiones a través de la adoración

Las misiones no son el objetivo último de la iglesia. El objetivo último de es la adoración. Las misiones existen porque no hay adoración. La adoración es el objetivo último, y no las misiones, porque Dios es la realidad última, no el Hombre. Cuando esta era se acabe, y los millones de redimidos se postren ante el trono de Dios, las misiones dejarán de existir. Es una necesidad temporal. Pero la adoración permanece para siempre.

Por tanto, la adoración es el motor y el objetivo de las misiones. Es el objetivo de las misiones porque la obra misionera busca que las naciones puedan disfrutar de l agloria de Dios. El objetivo de las misiones es que los pueblos se alegren en la grandeza de Dios: “El Señor reina; regocíjese la Tierra; alégrense las muchas islas” (Salmo 97:1). “Te den gracias los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te den gracias. Alégrense y canten con júbilo las naciones” (Salmo 67:3-4).

Pero la adoración también es combustible de las misiones. La adoración, esa pasión por Dios, precede a la predicación que ofrece a ese Dios que es digno de adorar. No puedes recomendar algo que no has probado. Ningún misionero podrá decir “¿Alégrense las naciones!” si no puede decir de corazón “Yo me alegraré en el Señor… en Ti me alegraré y regocijaré, cantaré alabanzas a tu nombre, oh Altísimo” (Salmos 104:34;9:2). Las misiones empiezan y acaban con adoración.

Si la búsqueda de la gloria de Dios no está por encima de la búsqueda del bien del hombre en cuanto a los deseos del corazón y las prioridades de la iglesia, el hombre no estará bien servido, y Dios no estará recibiendo la honra que Él merece. No estoy predicando que hay que rebajar la importancia de las misiones, sino que estoy defendiendo que hay que magnificar a Dios. Cuando la llama de la adoración arde con el calor que provoca en nosotros la belleza de Dios, la luz de las misiones iluminará en medio de los lugares más oscuros de esta tierra. ¡Y yo anhelo que llegue ese día!

Cuando la pasión por Dios es débil, el celo por las misiones será débil. Las iglesias que no están centradas en la axaltación de la majestad y la belleza de Dios no tendrán un deseo ferviente de “contar su gloria entre las naciones” (Salmo 96:3).

John Piper – Alégrense Las Naciones

 

Soli Deo Gloria

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Una respuesta to “La Supremacía de Dios II”

  1. Juan Callejas 10 abril, 2012 a 14:29 #

    Reblogged this on Revista Emergente and commented:
    ¡Excelente!

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