“No a nosotros…”

24 Mar

Durante el último par de años he venido viviendo una transformación en mi modo de pensar, creer y de actuar que puede ser no tan extraordinaria para algunos o tal vez puede que sea malinterpretada por otros, o aún pueda ser resistida y atacada por cierto grupo.

Me pueden tomar por extremista, de radical, de fundamentalista o como sea que quieran llamarme los que no están de acuerdo con lo que digo acerca de este tema en específico. O simplemente pueden decir que estoy equivocado.

Como cristianos “evángelicos” que decimos fundamentar nuestras creencias y modo de vida en La Biblia, a veces dejamos que las diferentes corrientes humanistas que mueven su mano en el mundo nos lleven al lugar que desean. A cualquier lugar que ellas deseen.

Debo repetir lo que he comentado en posts anteriores porque en ocasiones no prestamos atención a lo que sucede en nuestro alrededor. Muchas veces nos enfocamos más en lo que dicen ciertos maestros y líderes cristianos y no nos detenemos a pensar si lo que están hablando y enseñando es algo bíblico en realidad.

El humanismo secular que mueve su mano en el mundo, está presente en la Iglesia del Señor. Tal vez no te hayas detenido a pensar en el asunto, o tal vez ni siquiera sabes de qué estoy hablando porque es lo único que has aprendido y no conoces la alternativa bíblica, es decir, la alternativa de Dios.

Hemos perdido el equilibrio bíblico.

Hemos perdido el amor por darle la Gloria a Dios y hemos intentado, en vano, de adueñarnos de ella.

Hemos perdido el propósito por el cual hemos sido creados: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43:7)

La mejor manera de darse cuenta de esto, es escuchando algunas prédicas que suenan extremadamente dulces a los oídos humanos.  Prédicas que estimulan nuestros sentidos y exaltan el poder personal, que aunque puedan sonar y aparentar ser muy bíblicas al final no glorifican a Dios de la manera en que debieran hacerlo.

Prédicas que dan más importancia al Hombre que a Dios.

Todos deberíamos entender y tener bien claro que el fin principal de la predicación cristiana (y en realidad de la vida toda) es darle única y absolutamente la gloria a Dios.  

Si es preciso humillar al Hombre para que Dios sea exaltado, en mi opinión es que así sea.

Quiero compartir un fragmento que encontré en uno de los blogs que sigo, que habla de La Biblia y la manera en que perdemos de vista lo importante al momento de leerla, es decir la centralidad de Cristo en la Escritura, por preferir darnos atribuciones que no nos pertenecen y que nunca fueron planeadas para que nos las apropiemos.

Sally Loyd-Jones escribió:

 “…algunas personas piensan que la Biblia es un libro de reglas, que dice lo que debes hacer y lo que no debes hacer. La Biblia ciertamente contiene algunas reglas. Ellas te muestran cómo la vida funciona mejor. Pero la Biblia no es principalmente acerca de ti y de lo que deberías estar haciendo. Se trata de Dios y de lo que ha hecho.
Otras personas piensan que la Biblia es un libro de héroes, demostrando que las vidas de dichas personas se deben copiar. La Biblia tiene algunos héroes en ella, pero (como te darás cuenta), la mayoría de la gente en la Biblia no son héroes en absoluto. Ellos cometen grandes errores (a veces a propósito), se asustan y huyen. A veces, son completamente malvados.
No, la Biblia no es un libro de reglas, ni un libro de héroes. La Biblia es ante todo una historia. Es una historia de aventuras acerca de un joven héroe que viene de un país lejano, para recuperar su tesoro perdido. Es una historia de amor de un príncipe valiente que sale de su palacio, su trono, su todo, para rescatar a los que ama. ¡Es como el más maravilloso de los cuentos de hadas hecho realidad en la vida real!
Lo mejor de esta Historia, es que… es verdad.
Hay un montón de historias en la Biblia, pero todas las historias están contando una Gran Historia. La historia de cómo Dios ama a sus hijos y viene a rescatarlos.
Se necesita toda la Biblia para contar esta historia. Y en el centro de la historia, hay un bebé. Cada historia de la Biblia susurra su nombre. Él es como la pieza que faltaba en el rompecabezas, la pieza que hace que todas las demás encajan entre sí, y de repente se puede ver un cuadro hermoso”

Soli Deo Gloria

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