Ideas que Vienen a la Mente

8 Oct

Publicado el 8 de Octubre del 2011

Últimamente he sido… ¿desafiado?, (la verdad no sé cómo definirlo exactamente) a ser un poco más abierto en ciertos temas, especialmente en mi modo de percibir las cosas de la “vida de iglesia”.

Pienso que es parte del crecimiento cristiano dejar de ver las cosas como niño y hacerlo como alguien que va creciendo poco a poco. Eso implica empezar a cometer errores y aprender de ellos. Implica también pensar y cuestionarse a uno mismo, de una manera sana, acerca de lo que creemos y acerca de la manera en que eso nos dirige en nuestro caminar diario.

Decir que lo que creemos determina nuestros actos no es nada nuevo. Sin embargo, decir que nuestros pensamientos determinan lo que creemos, es algo que muy pocas veces se escucha y pienso que es por esa razón que no existe esa conexión con la realidad que tanta falta nos hace a nosotros los cristianos evangélicos, herederos de la Reforma Protestante y los distintos movimientos de siglos posteriores a ella, que fueron agentes de verdadera transformación con resultados que aún en la actualidad tienen vigencia.

Pensando un poco en lo que acabo de escribir, sale una pregunta a flote: ¿En qué forma, de qué manera lo que pensamos influye en lo que creemos?

Principalmente mi opinión es que: Mientras tus pensamientos se encuentren descarriados, desviados de la Palabra de Dios, definitivamente tus creencias y tu estilo de vida se encontrarán del mismo modo.

Cualquier cristiano puede estar de acuerdo conmigo en esto, y es algo que es notorio en las personas que no han nacido de nuevo, pero al “target” al que estoy apuntando en este momento no son los ‘no creyentes’, sino más bien todo lo contrario.

Y es que aún dentro de la “vida de iglesia” tenemos una noción, una idea sesgada y equivocada, en gran extensión, de lo que significa ser bíblico o de lo que significa llevar una vida de acuerdo a los principios encontrados en La Biblia.

Me he dado cuenta de una tremenda verdad se encuentra en todo lugar y puedo llegar a afirmar que: “El legalismo religioso puede ser tan sutil en nuestras vidas, porque actúa y se desenvuelve de una manera tan sutil, que no lo reconoceríamos si no fuera por la ayuda externa de parte de Dios.”

Analicemos un poco el asunto: ¿Qué quiero decir con legalismo?

Empecemos diciendo que legalismo muchas veces se lo relaciona con “religiosidad” y ha llegado en muchos casos a ser confundido con Religión.

La Religiosidad (o falsa religión) es aquella que te dice que debes vivir de acuerdo a ciertos parámetros, preceptos y mandatos para ser aceptado por Dios.

Tales parámetros, preceptos y mandatos son en su mayoría creación del Hombre: No bailar, No tomar, No fumar, No decir malas palabras, No escuchar ciertos tipos de música, Permanecer siempre muy “bien vestido y comportado” en todo momento, No puedes llevar el cabello muy largo si eres varón, No puedes llevar el cabello muy corto si eres mujer. Si no cumples estos mandatos no eres bienvenido dentro del círculo del “pueblo de Dios” y es posible que termines “yendo al infierno por no obedecer”. En fin se pueden encontrar un sinnúmero de evidencias de legalismo y religiosidad, unas más solapadas que otras, algunas más escandalosas y ridículas que otras, en todo lugar.

Desde mi punto de vista, la Religiosidad es algo que debería ser eliminada de raíz de la “vida de iglesia”, pero no así la Religión.

Yo entiendo que Religión y Religiosidad son dos cosas MUY diferentes y en mis propias palabras la podría definir de la siguiente manera:

Religión es la manifestación tanto externa como interna que realiza el ser Humano como culto en adoración a su Dios, en nuestro caso viviendo de acuerdo a lo revelado en Su Palabra. Se manifiesta externamente con nuestras acciones, las cuales a su vez son un reflejo (aunque en muchos casos no es así, pero deberían serlo) de nuestra manifestación interna (es decir, nuestra relación personal con nuestro Dios).

Religiosidad es todo lo contrario, es vivir bajo la sombra de un engaño, y en mi humilde opinión, pensar y proclamar que Religión es lo mismo que Religiosidad es parte del mismo engaño bajo el cual a veces vivimos.

Pregúntale al evangélico común del siglo XXI si él tiene alguna Religión y verás como su rostro es transfigurado hacia una mueca horrenda (aunque algunos sí sonríen) y responde como robot: “¡Yo no tengo religión, tengo una relación con Cristo!”

Desde mi punto de vista, que ha sido ligeramente influenciado por grandes pensadores cristianos que pusieron las bases para que, nosotros los evangélicos pudiéramos tener libertad de expresión religiosa, puedo decir que partiendo desde la presunción que: ya que TODO cristiano vive inseparablemente con su Dios, y que Aquel Dios es Soberano sobre toda la Creación, sobre toda área de la vida y sobre todo lo que sucede, Religión es todo lo que el cristiano hace, y que todo en lo que se ve envuelto es parte de la Religión.

Enojarse cuando una persona habla de una Religión Cristiana Evangélica es negar la historia y negar a muchos hermanos que dieron su vida alrededor del mundo por defender esta fe que se basa única y exclusivamente en la maravillosa Gracia de Dios. Puedo añadir además sin duda algna que hacerlo es un comportamiento muy legalista y arrogante.

Sé muy bien que en nuestro trasfondo cultural-religioso dominado por una mayoría católico-romana (que persiguió a hermanos cuando estaban llegando con La Biblia a nuestras tierras) deseemos desligarnos de la etiqueta de “religión” pero seamos sinceros, ¿Dónde enseña la Biblia que el Cristianismo no puede ser considerado como Religión? ¿Quién te enseñó que el Cristianismo no es Religión, Cristo o un simple ser humano?

Estamos llevando las cosas un poco más allá de lo que enseña La Biblia y estamos tomando enseñanzas humanas para ser muchas veces, causa de discordia entre la sociedad en la que vivimos y entre los mismos cristianos al comportarnos de una manera sectaria y separatista.

¿Recuerdas las palabras de Jesús en Juan 17?

 “…que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” Juan 17:21

Como dije al principio, estoy en la etapa de crecimiento, de cometer errores y de aprender de ellos. No quiero ser motivo de opiniones polarizadas, sé muy bien que soy una persona que se encuentra muy lejos de ser infalible pero pienso que lo que he compartido tiene validez porque intento ser fiel a las Escrituras.

Simplemente termino con un sano consejo: “¡Abre los ojos, Abre tu Biblia, Léela y Piensa lo que lees!”

El Muro de los Reformadores, Ginebra – Suiza.
De izquierda a derecha: Guillermo Farel, Juan Calvino, Teodoro de Beza y John Knox.

 

 

*Quisiera, en un futuro cercano, hacer una ampliación del tema con algunas otras interrogantes que puedan nacen al leer este post. Estén atentos*

Soli Deo Gloria

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