Meditaciones 2.1

27 Sep

Este es por así decirlo, la continuación del post anterior. Si prefieres puedes leerlo antes de continuar. Están relacionados en cierta manera, pero no es imposible leer este sin haber leído el anterior, aunque al final hay ciertas ideas que no tendrían el impacto que deseo si no lo has hecho.

La idea de que algo que nos guste y nos resulte placentero pero que no sea muy bueno (o para nada bueno) para nosotros quedó flotando en Meditaciones 2.0 y me gustaría profundizar más al respecto.

Hay que recordar que preferimos lo que nos agrada, lo que nos gusta, lo que nos produce placer, y lo que al final satisface nuestra necesidad, es considerado como lo más importante para alcanzar nuestra felicidad. Hasta ahí todo va bien, pero ¿qué si aquello que te hace feliz no es bueno para tu vida?

Podrías en este caso preguntarte: “¿Por qué habría de cuestionarse lo que elijo si me satisface y me ayuda a ser feliz? ¿Todo lo que hace feliz es bueno, no?”

Pero pensando un poco, pensando incluso en lo que no queremos pensar entendemos que no es así de simple.

Un ejemplo un poco exagerado que he inventado  

Un Domingo en la mañana luego de trasnochar, despiertas muy temprano a tus amigos que no farrearon y salen juntos en un sólo carro para la playa.

Estás un poco atontado después de la fiesta que hubo y no se te ocurre llevar el galón de agua que siempre sueles llevar, ni tampoco una sola botella de agua contigo.

Resulta que tienen planeado ir a una nueva playa “descubierta” por tu primo hace algunas semanas y sólo se llega en vehículo 4×4. El clásico lugar paradisíaco donde nadie más llega y encuentras paz y buenas olas (en otras palabras un sueño hecho realidad).

Entras a surfear con una resaca (chuchaqui) que podría matar a cualquiera menos a tí porque ya estás acostumbrado.

Las olas están estupendas y las corres como es debido. Luego de un par de buenos sets y un revolcón sales molido y muerto de sed.

Los que habían llevado agua se la terminaron, no te dejaron nada y para colmo están surfeando, así que tienes “ni como reclamarles”.

Tienes la garganta reseca y salada luego del revolcón, no está corriendo “la buena brisa” que aplaque el calor, el cielo está completamente despejado y el Sol parece que está “mas grande que nunca”. Sólo te queda decir: “Clásico sol de domingo”.

Buscas deseperadamente agua, pero el lugar es tan desconocido que no existe una tienda en este paraíso tan alejado de la civilización.

De pronto logras ver un estero, de esos que existen al Norte de La Península, que sólo fluyen en fuertes inviernos y que se encuentra a unos 500 metros.

No ha llovido en la zona en meses asi que el agua está estancada, amarillenta, reducida, caliente por el calor del sol y con bichitos nadando en él.

Después de una dura decisión, no encuentras mas remedio que beber. Necesitas satisfacer la necesidad urgentemente (o según tú, morirás).

Bebes de esa agua asquerosa a grandes sorbos. Logras apenas calmar la sed y regresas al lugar donde está el carro antes que salgan del agua tus amigos para evitar levantar sospechas y pasar verguenza con ellos por beber esa asquerosidad.

Al caer la tarde regresan a casa donde durante la noche te dan calambres en la barriga y ahí sí, literalmente prefieres morir a continuar con la deshidratación que conlleva la vomitadera atroz que tienes.

Fin del ejemplo.

 

De aquí salen algunas preguntas:

¿El deseo de satisfacer la sed era legítimo? Sí, totalmente.

¿Fue una buena idea beber de ese puerco estero para aplacar la sed y sobrevivir? En ese momento parecía lo mas obvio, pero a la larga trajo consecuencias peores.

El punto de toda este cuestionamiento es llegar a la conclusión que tenemos un problema para discernir lo que es bueno para nosotros, lo que en realidad satisface y lo que deberíamos tener siempre en mente.

Nos dejamos llevar por simples charcos sucios.

C.S. Lewis (Autor de Las Cronicas de Narnia y muchos otros buenos libros) escribió una vez:

Parece que el Señor encuentra nuestros deseos, no demasiado fuertes, sino demasiado débiles.

Somos criaturas a medias, tonteando con la bebida y el sexo y la ambición cuando se nos ofrece Infinita Alegría, somos como un niño ignorante que quiere seguir haciendo pasteles de lodo en un barrio pobre porque no puede imaginar lo que significa pasar unas vacaciones en el mar. Somos complacidos con demasiada facilidad. “.

Nos contentamos con cualquier “poca cosa” en lugar de buscar conocer al que es Grande y Perfecto.

El problema es que en nuestra mente no logra entrar la loca idea de creer que Dios es mejor que nuestros deseos, planes y placeres.

Vivimos (a veces sin saberlo) en un estado de rebelión hacia Dios que es enmascarado por un sentido de religión (o religiosidad) que no nos permite conocerlo verdaderamente pero que nos mantiene “contentos” con nosotros mismos y al mismo tiempo nos mantiene engañados.

Tenemos una idea de quién es Él pero es una idea errada. En realidad estamos adorando a Dios a “nuestra manera” (y esa al fin de cuentas es tu religión, aunque lo niegues).

Lo cual significa que estamos adorando una proyección de nuestros deseos y planes dirigidos por nuestro orgullo encubierto de una forma sutil y maquillada pero no estamos adorando al verdadero Dios revelado en La Biblia.

¿Cuál es la solución?

Este es un punto al que quería llegar cuando empecé a escribir la versión 2.0.

La solución es pensar correctamente de Dios, buscar conocerlo en realidad y someterse a su autoridad. Y eso solo se puede hacer mediante Su Palabra, conocida popularmente como La Biblia, que es verdadera palabra de Dios.

Después de todo… ¿es importante?

Sé que para algunos a estas alturas me pude haber puesto aburrido con lo de La Biblia y todo eso. Pero eso solo comprueba mi punto.

Si te parece aburrido es porque no encuentras atractivo a Dios, no te causa agrado querer aprender de Él ni mucho menos conocerlo.

No mueve ninguna fibra de tu ser, ni mucho menos te “mueve el piso”.

Seamos sinceros. Comparado para lo que realmente te agrada, te gusta y causa placer, Dios no es más que un estorbo y es mucho mas fácil no pensar ni siquiera que existe (excepto cuando “es necesario”).

Sólo Dios y únicamente por medio de Jesucristo puede producir un cambio en tu modo de ver las cosas y en las cosas que consideras agradables, buenas, placenteras importantes y satisfactorias.

El objetivo de esta publicación es  reflexionar un poco y pensar en cómo estamos llevando nuestra relación con Dios (si es que existe alguna para empezar).

 

Concluyo con palabras de A.W. Tozer (un hombre que entendió la importancia que tiene Dios en la vida del cristiano y que se dedicó a pensar correctamente de Él)

“Antes de que un pecador pueda pensar correctamente de Dios, debe haber ocurrido un trabajo de iluminación dentro de él; puede ser imperfecto, pero no obstante, es un trabajo verdadero, y es la causa secreta de todo deseo, búsqueda y oración que pueda existir a continuación.”

“Buscamos a Dios porque, y sólo porque Él ha puesto primero un deseo dentro de nosotros que nos impulsa a la búsqueda.”

 “Ningún hombre puede venir a mí”, dijo nuestro Señor, “si el Padre que me envió no le trajere”, y es por esta atracción que Dios nos quita todo vestigio de crédito en el acto de acercarnos.

 

 

 

“Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2da a los Corintios 4:6)

 

 

 

Soli Deo Gloria

2 comentarios to “Meditaciones 2.1”

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